24 de Abril 2007 - Managua, Nicaragua

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FotoLaura Lacayo Espinoza

La lógica de la ética y normas sociales entorno a la conciencia ambiental no ha sido suficiente para combatir o regular la deforestación y el consecuente deterioro del medio ambiente. ¿Qué pasaría si esta tarea se la pasáramos a la lógica del mercado? ¿Qué pasaría si los dueños de tierra tuvieran la posibilidad de recibir dinero a cambio del cuido del medioambiente?

Como parte de un proceso de adaptación a un mundo donde cada vez más ganan prioridad los mecanismos basados en incentivos económicos, nace el concepto de Pagos por Servicios Ambientales (PSA). Los PSA son un innovador enfoque que se basa en la premisa de que existe poca motivación para que los dueños de tierras protejan el medio ambiente. Esto podría cambiar si recibieran PSA como una compensación por el costo del uso de los suelos de forma racional y amigable con el medio ambiente.

El Banco Mundial y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial financiaron el Proyecto Regional Enfoque Silvopastoriles Integrados para el Manejo de Ecosistemas (RISEMP por sus siglas en ingles) el cual fue implementado entre 2002 y 2008 en tres países de Latinoamérica: Nicaragua, Costa Rica y Colombia. El objetivo era promover la adopción de sistemas silvopastoriles en fincas ganaderas en zonas de pasturas degradadas, a través de los PSA y asistencia técnica. En Nicaragua el proyecto fue ejecutado en los municipios de Matiguas y Río Blanco del departamento de Matagalpa por el instituto de investigación NITLAPAN-UCA y el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) de Costa Rica.

En un estudio reciente titulado “Pagos por Servicios Ambientales en Nicaragua: ¿funcionan los enfoques basados en el mercado?“ realizado por Gert Van Hecken y Johan Bastiaensen, se analizan los resultados del proyecto RISEMP en Nicaragua. Según el estudio, los resultados del proyecto demuestran que se produjo un cambio significativo en la composición del uso de la tierra; los suelos degradados disminuyeron y aumentaron las áreas de pastado con árboles y bancos forrajeros.

Sin embargo, al evaluar el impacto del proyecto, el grupo de control presentó las mismas mejoras en el uso de la tierra que el grupo de tratamiento, razón por la cual el estudio no puede atribuir el aumento de la adopción de sistemas silvopastoriles únicamente a los PSA. Los dueños de tierra atribuyen mayor relevancia a otros incentivos como por ejemplo la socialización de los conocimientos adquiridos con la asistencia técnica y el aumento del mercado de la leche nacional; fenómeno que fomentó los sistemas silvopastoriles debido a que el ganado para la producción de leche es menos resistente al calor y necesitan la protección de la sombra de los árboles.

Otro hallazgo importante del estudio es que los PSA pueden tener un efecto negativo al excluir a los Campesinos Pobres con Tierra (CPT) debido a que los sistemas silvopastoriles necesitan una inversión previa y el proyecto sólo contempla una compensación económica a posteriori. Este hecho provoca cuestionamientos sobre la efectividad del proyecto debido a que los CPT podrían vender sus tierras a ganaderos ricos que puedan explotarla con mayor productividad y acceder a los PSA. Si esto ocurre los CPT se verían obligados a migrar y comprar tierras en zonas más baratas en lugares aún no explotados.

Se puede concluir que en el proyecto RISEMP los resultados positivos no se pueden atribuir a los PSA, ya que coincidieron con motivaciones económicas externas y procesos colectivos locales. Todo parece indicar que los esfuerzos se deben de dirigir a estos dos últimos factores más que al pago de incentivos económicos. La lógica de consumo del mercado ha causado gran parte de los daños ambientales; por lo tanto, una solución basada en esa misma lógica podría promover mayor erosión de la necesaria conciencia ambiental que procure el bienestar de la colectividad a largo plazo.