30 de noviembre de 2011 - Managua, Nicaragua


FotoGilda Charlotte Sánchez Padilla



• Este 23 de Noviembre de 2011 fue presentado el IV Informe sobre Desarrollo Humano en Nicaragua, realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
• El mensaje principal del informe es que la población joven construye desde ya su presente y su futuro, pero también el de Nicaragua.

Los verdaderos generadores de riqueza de un país son los recursos humanos con los cuales cuenta, más aún la calidad de estos recursos. En Nicaragua en 1980 por cada persona en edad de trabajar había una dependiente; se estima que para el2030 por cada dos personas en edad de trabajar habrá solo una persona dependiente; por otro lado, las personas adolescentes y jóvenes actualmente representan la mitad de la población en edad de trabajar (PET). En este momento de su historia Nicaragua se enfrenta ante la oportunidad del bono demográfico, pero cuando este alcance su plenitud en 2040, la participación de la juventud en la PET comenzará a disminuir. Sin embrago, no se podrá sacar ventaja de la capacidad, talento, fuerza y creatividad (hasta ahora ociosa) de la juventud, sin suficiente y pertinente inversión social. Esta es la recomendación clave del Informe de Desarrollo Humano para Nicaragua de este año.

El potencial de las juventudes para el desarrollo



De acuerdo con el IDH 2011, los adolescentes y jóvenes nicaragüenses que incluyen personas entre 13 y 29 años de edad, tienen distintos perfiles respecto a su percepción del desarrollo personal y nacional. Este varía en función del reconocimiento de los recursos materiales y simbólicos con los que cuenta para lograr sus metas y aportar al desarrollo del país y de las expectativas que tiene respecto del futuro y de las demás personas, así como de su apreciación de limitaciones. Estos elementos se ilustran como mochilas, cargadas de una manera particular: con optimismo, con insatisfacción, con pesimismo o sin agencia.

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El 62.8% de los adolescentes y jóvenes del país cuentan con una de las dos mochilas mejores equipadas para enfrentar la vida. Sin embargo, entre ellos el 37% presenta alguna privación de sus necesidades básicas. Por otro lado, uno de cada seis adolescentes y jóvenes posee la mochila peor equipada, estos en su mayoría residen en las zonas rurales y un grupo importante en la Costa Caribe. Adicionalmente, el tener hijos en la juventud incide negativamente en el perfil de las y los jóvenes, pues de acuerdo a esta analogía del IDH, quienes llevan la mochila cargada y con optimismo son en su mayoría hombres y mujeres jóvenes sin hijos; mientras que quienes llevan la mochila algo cargada, pero con pesimismo son principalmente los y las jóvenes con hijos.

Las limitaciones del potencial de las juventudes



En la actualidad el 49.3% de los adolescentes y jóvenes viven en condiciones de pobreza multidimensional, la cual no se limita a la medición de las carencias materiales, sino que considera el estado integral de salud, la educación y el acceso al empleo. Este porcentaje se amplía para los jóvenes que oscilan entre 18 y 24 años (55.9%) y es aún mayor (61%) para quienes tienen entre 25 y 29 años de edad, único grupo etario para quienes aumentó la amplitud de la pobreza multidimensional entre 2005 y 2009. Por otro lado, la incidencia y amplitud de la pobreza de los jóvenes rurales (7 de cada 10) es el doble de la de los jóvenes que residen en áreas urbanas (4 de cada 10); mientras que los hombres jóvenes presentan una mayor incidencia y profundidad de la pobreza que las mujeres, debido a que ellas tienen un mayor nivel de escolaridad y que los indicadores de empleo no incorporan en su medición la discriminación o exclusión laboral ni el trabajo no remunerado.

Uno de los elementos destacables en la pobreza multidimensional que sufren las juventudes es que aunque el 89% de ellos se consideran saludables y bien alimentados, la ENAJ-INDH 2009 revela que el 49% de ellos quisiera cambiar en su vida cosas vinculadas a la violencia y un 41% aspectos relacionados con abuso sexual. Estos elementos perjudican principalmente a las mujeres jóvenes, pues ellas representaron entre 2005 y 2009 la mitad de las victimas de violencia y abuso (50% de las victimas de violaciones y de femicidio) contra la mujer, lo cual es congruente con que ellas presentan menor optimismo y capacidad de agencia para cambiar aspectos relacionados con la violencia que los hombres jóvenes, los cuales representan casi la mitad de las victimas de homicidios y asesinatos y suicidios.

La juventud en Nicaragua alcanza un promedio de 9 años de escolaridad, distinguiéndose que la juventud urbana alcanza 10.5 años promedio de escolaridad, pero sus pares rurales apenas 7.4 años (ENAJ-INDH 2009), aunque en ambos casos es mayor al promedio nacional. Esto No obstante, aun con todos los esfuerzos realizados para incrementar el acceso a la educación, solo en las áreas urbanas los adolescentes entre 13 y 16 años se ubican cerca o en la cantidad de años de estudio esperados; mientras que los jóvenes de las áreas rurales presentan una brecha mayor, la cual se amplía a medida que aumenta la edad.

Lo anterior está estrechamente ligado a las privaciones materiales de los jóvenes, ya que la principal causa por la que no estudian es para poder tener un trabajo remunerado (44.2%), seguido de la falta de recursos. Esto es congruente con que un 37.6% de las personas de estas edades se dedique solamente a trabajar y que solo uno de cada diez adolescentes y jóvenes combinen el estudio con el trabajo, debido al costo de oportunidad que esta actividad simultánea les reporta, ya que al aumentar la edad aumenta la necesidad de un mejor ingreso para los hombres y para las mujeres las responsabilidades con la familia.

Entre 2003 y 2008 el desempleo abierto adolescente y juvenil ha disminuido del 12% al 9%, pero es más del doble del desempleo abierto de los adultos. Por otro lado, los empleos a los que los jóvenes acceden no son de calidad, en 2008 la precariedad y la informalidad del empleo afectaba a 8 de cada 10 adolescentes y jóvenes; el nivel de subempleo juvenil era de 31.7%, mayor en las mujeres que en los hombres, y el 14.4% de los jóvenes se autoemplea de manera precaria para poder subsistir. Además, el ingreso laboral promedio de los jóvenes es un 24% más bajo que el ingreso promedio nacional debido a la falta de acceso a trabajos formales y permanentes y la exigencia de experiencia; esto a pesar de que tienen 2.2 años de escolaridad más que el promedio nacional y una mayor capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías.

Los adolescentes y jóvenes nicaragüenses son diversos y presentan perfiles distintos ante el desarrollo personal y social, pero en general se sobreponen a las privaciones multidimensionales que enfrentan con una actitud optimista ante la vida, siendo este un factor positivo para el aprovechamiento del momento social histórico que vive nuestro país y un incentivo para la tan necesaria inversión social. Consecuentemente, se debe fortalecer el acceso, la cobertura y la pertinencia o adecuación de la educación, ya que un 71% de los jóvenes considera que la educación recibida no les ha sido útil para encontrar un trabajo o iniciar un negocio. Deben también promoverse cambios culturales y paradigmas sociales, dada la identificación de la discriminación, la violencia, el abuso y la falta de comunicación familiar como una de las mayores afectaciones de salud emocional de las juventudes en Nicaragua. De igual modo urge la promoción de la inversión, la transformación productiva y un plan nacional de empleo juvenil de calidad. En fin, algunos llevamos las mochilas más llenas que otros, unos las cargamos con más ánimo que otros, pero todos llevamos las mochilas llenas de sueños.


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