5 de octubre de 2011 - Managua, Nicaragua


FotoGilda Sánchez, Tania Díaz


La pobreza es una condición en la cual las personas no son capaces de satisfacer sus necesidades básicas alimentarias y no alimentarias mínimas para mantener un nivel de vida aceptable. Esto se debe generalmente al escaso nivel de ingreso, relacionado con la falta de acceso a otros servicios, como la educación y la salud que inciden en la remuneración obtenida del trabajo y el tipo de ocupación a la cual se puede acceder. Consecuentemente, la pobreza debe atacarse generando capacidades en base a los propios recursos del entorno donde se desarrollan las personas pobres, siendo ellos mismos el recurso fundamental.

En Nicaragua y en Latinoamérica la pobreza incide principalmente en la población rural. Según datos de FIDEG, un 46.9% de la población rural nicaragüense vivía en condiciones de pobreza no extrema y 15.9% no era capaz de satisfacer sus necesidades alimentarias en 2010, sumando un 62.8% (50% como promedio para América Latina según datos de la CEPAL) de la población rural pobre, que si bien ha disminuido 7.5 puntos porcentuales respecto a 2005, es aún una magnitud inaceptable.

Una estrategia focalizada para reducir la pobreza rural



Con el objetivo de erradicar la pobreza rural, desde los años setenta se ha venido desarrollando formalmente a nivel mundial un nuevo enfoque de desarrollo endógeno: el desarrollo territorial. Este enfoque se concibe como un proceso de transformación productiva de las localidades, en cuanto a que sus actividades económicas se vuelvan competitivas y sostenibles en respuesta a las demandas de los mercados. A esto se suma una transformación institucional que facilite el acceso y la diseminación de los conocimientos y promueva espacios de coordinación entre los agentes del territorio. Una especificación de esta estrategia de desarrollo es el desarrollo territorial rural.

En Nicaragua se emprendió un proceso de orientación del desarrollo rural y la manera en cómo se debían realizar las intervenciones, mediante un foro permanente de discusión y reflexión. Este proceso se llevó a cabo entre 1999 y 2003 por el Grupo Tepeyac (1). Como resultado, en 2001 el grupo presentó el libro base para el desarrollo rural de Nicaragua, y a finales de 2002 se realizó una propuesta metodológica como modelo concreto de intervención y planificación de desarrollo rural (2). Pese a que no se implementó formalmente una política nacional de desarrollo rural avalada por una ley particular, la política para este sector se incluyó en el Plan de Desarrollo Operativo y el Plan de Desarrollo Humano, a través del Programa de Desarrollo Productivo (PRORURAL). Además, se han emprendido varios proyectos de desarrollo con este enfoque.

Usando los recursos y generando capacidades en los pobres



Un ejemplo de cómo este enfoque es efectivo en la creación de capacidades y la reducción sostenible de la pobreza es el impacto que ha generado el proyecto Alianza para la Creación de Oportunidades de Desarrollo Rural a través de Relaciones Agroempresariales (ACORDAR) cuya inversión total se aproxima a los U$ 30 millones de los cuales, las Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) ha aportado U$ 7.8 millones.

Este proyecto trabaja el eje de transformación productiva según el enfoque de desarrollo territorial rural. El programa se desenvuelve mediante alianzas de productores organizados en cooperativas, a quienes se les brinda capacitación para que desarrollen cadenas de valor social y ambientalmente sostenibles, con un énfasis en las relaciones equitativas con compradores corporativos.

Según el Sr. Ernesto Vallejo, productor de frijol y frutales de la comunidad la China del municipio de Sébaco, departamento de Matagalpa, el ha sido beneficiado con “asistencia técnica, enseñanza de buenas prácticas agrícolas, transferencia de tecnología en sistema de riego por goteo, manejo de fertilizaciones, capacitación sobre invernaderos y producción de plántulas agrícolas”.

Además, el proyecto ha invertido en infraestructura productiva y transferencia de tecnología, y ha funcionado como facilitador de financiamiento directo o coordinándose con instituciones financieras. Al respecto, el Sr. Oscar Sáenz productor de frijoles y frutas de la comunidad la China y socio de la cooperativa Ecovegetales comenta: “recibimos capacitaciones sobre administración y contabilidad para cooperativas y actualmente tenemos 116 manzanas de frijoles financiadas”.

Por otra parte, en la segunda fase de ejecución del proyecto (2010-2012) se ha creado un fondo de 400 mil dólares que pretende incentivar la conversión de la producción y hacer sostenibles las actividades emprendidas. Esto mediante la facilitación de financiamiento para la compra de insumos, equipos, tecnología y otros servicios, costos de innovación en productos terminados y la introducción de nuevos productos que contribuyan a la diversificación de la oferta con valor agregado en el mercado.

ACORDAR incorpora en su aplicación la coordinación interinstitucional y las acciones sinérgicas de los diferentes actores, ya que según el Ing. Jorge Brenes, director del programa ACORDAR éste se ejecuta a través de “un consorcio conformado por Catholic Relief Services, Lutheran Wodk Relief y Technoserve y 10 socios locales”, los cuales incluyen Alcaldes y Asociaciones de municipios, y diferentes prestadores de servicios financieros y no financieros que apoyan las cadenas de valor. También se coordina con el Instituto Mujer y Comunidad (IMC), la Organización para el Desarrollo Rural (ODESAR) y la Asociación CUCULMECA.

Esto ha permitido que la incidencia del proyecto trascienda los elementos estrictamente productivos y se aborde la problemática de los beneficiarios de manera integral. Según el director del proyecto, “Se ha trabajado de manera articulada con aspectos de medio ambiente, género, responsabilidad social empresarial, buenas prácticas agrícolas y desarrollo local por medio de asesoría técnica. El proyecto cuenta con una política de género, la cual está siendo implementada no solamente a nivel de los socios locales, sino también a nivel de las cooperativas. Además, por cada cadena de valor, existe un componente de acceso al agua”.
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Usar Recursos + Generar Capacidades = Mejor nivel de vida



El proyecto se ha basado en la utilización de los recursos de las comunidades en las que ha intervenido y en la generación de capacidades de los productores beneficiados. Como resultado, ellos han mejorado sus prácticas de manejo de la producción para el establecimiento de un total de 29.1 mil de hectáreas (9,202 hectáreas promedio por año) de cultivos con demanda de mercado, con una producción de 3.16 millones de quintales en el tiempo de aplicación del programa.

Así mismo, se ha fortalecido a los productores y cooperativas en la comercialización, información de mercado, administración de negocios y contactos a mercados regionales, particularmente en el marco del Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos (CAFTA-DR). Esto ha permitido que hasta Junio de 2011 las ventas de las cooperativas beneficiadas sumen 91 millones de dólares, con el 29% de estas ventas dirigidas a los mercados internacionales y al mercado regional y el 71% al mercado nacional.

Como es de esperar según el enfoque de desarrollo territorial rural, la transformación productiva desarrollada de forma coordinada entre los diferentes actores de un territorio y con una visión integral de la realidad local, no solo beneficia a los productores participantes en el programa, sino a la comunidad en su conjunto. Esto se refleja en el aumento de puestos de trabajo como efecto de la aplicación del proyecto, ya que hasta junio de 2011 se han creado 21,080 puestos de trabajo (19,489en la producción agrícola y 1,589en la adición de valor agregado). Los principales rubros creadores de empleos son: café, frijol, vegetales y frutas, raíces y tubérculos.

De igual modo, la incidencia en el bienestar familiar es clara, porque hasta mediados del 2011 el 56% de los productores beneficiados han mejorado en un 20% sus ingresos, lo que incide positivamente en bienestar general. Así mismo han desarrollado la capacidad de brindar educación superior a sus hijos y reinvertir en sus fincas, a la vez que realizan actividades complementarias a la producción agrícola. Por ejemplo el Sr. Ernesto Vallejo quien es beneficiario del proyecto afirma: “Ahora la producción es un proyecto familiar y están integrados mi esposa y mis dos hijos. Creo en la equidad de género y prácticamente somos una micro empresa con un buen potencial para seguir trabajando. Hoy puedo sostener los estudios universitarios de mis dos hijos -lo cual antes ni pensaba-. También mi esposa trabaja en la lombricultura (humus), la cual se comercializa en los invernaderos para mejorar el sustrato y la producción de frutas”.

De igual forma, el Sr. Oscar Sáenz, como beneficiario de ACORDAR ha mejorado su nivel de ingreso y provee una fuente de trabajo permanente para su familia en una unidad productiva rentable y con un monto de inversión no muy alto. En sus propias palabras explica: “Antes yo tenía que trabajar y trabajar, y a pesar de eso me costaba recoger mis centavitos. Ahora con el rubro que estoy vendiendo más -que es la papaya-, semanal he estado obteniendo cinco mil córdobas; ya que la producción está buena y hay mucha demanda. La inversión que se hace no es mucho y tenemos trabajo mi familia y yo”.

Una estrategia eficiente en la reducción de la pobreza



La incidencia en el bienestar actual y futuro de las familias de los productores beneficiados por el proyecto ACORDAR e indirectamente de sus comunidades a través de la generación de nuevos empleos, ilustra la efectividad de los procesos de transformación productiva integral en la reducción sostenible de la pobreza rural. Esto implica que las áreas rurales dejen de verse como zonas marginales incapaces de insertarse en la dinámica económica; al contrario, deben visualizarse como economías simples, pero con capacidad de desarrollo en la medida que se adecúa la producción a las demandas reales del mercado y se generan actividades de mayor valor agregado mediante la capacitación de la población. Mientras que una visión negativa de las áreas rurales profundizará la problemática de pobreza por el alejamiento de la inversión privada y pública, que seguirá reconcentrando las actividades económicas en las metrópolis locales.

No obstante, el proyecto ACORDAR enfrentó algunas complejidades para el logro de sus objetivos, las cuales fueron desencadenadas por el manejo de diversos temas a la vez, aunque esto era necesario para la aplicación integral de la transformación productiva. Pero este problema según el Ingeniero Brenes se resolvió a través de la coordinación de los diferentes actores involucrados en todo el proceso. Entonces la mejora sostenible en el bienestar de las familias productoras solo puede lograrse mediante la profundización de la descentralización y el trabajo coordinado de las instituciones. De modo que la articulación de iniciativas de desarrollo rural con la planificación territorial, generaría mayores resultados, pues transferiría los beneficios obtenidos por los productores a la comunidad en su conjunto.

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Notas:
(1)Constituido en 1999 por el Ministerio Agropecuario y Forestal (MAGFOR), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), la Universidad Centroamericana (UCA) y el equipo de desarrollo rural de la Universidad de Córdoba (EDR-UCO).
(2)Esta metodología se basa fundamentalmente en los principios: planificación bottom-up con amplia base de participación de la población; el territorio como unidad de planificación; la institucionalidad y el capital social como base del proceso; gestión del proceso por un grupo de desarrollo rural representativo de todos los sectores sociales con apoyo técnico permanente; y gestión orientada al proceso y al largo plazo.


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