3 de octubre de 2011 - Managua, Nicaragua


FotoGilda Charlotte Sánchez Padilla


“La verdadera riqueza de una nación está en su gente. El objetivo básico del desarrollo es crear un ambiente propicio para que los seres humanos disfruten de una vida prolongada, saludable y creativa. Esta puede parecer una verdad obvia, aunque con frecuencia se olvida, debido a la preocupación inmediata de acumular bienes de consumo y riqueza financiera”.
Informe de Desarrollo Humano Global, 1990.


El Informe de Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2010, señala que el elemento que más ha incidido en el desarrollo humano del país es la salud (índice particular del 40% del IDH), seguido de la educación y el ingreso. Son particularmente importantes las condiciones de salud en los primeros años de vida, porque de estas depende el adecuado desarrollo de las capacidades físicas e intelectuales de las personas, lo cual está intrínsecamente ligado a su productividad y el nivel de ingreso al que pueden optar.

Desde el año 2000 cuando Nicaragua firmó el Acuerdo del Milenio, se han
realizado grandes esfuerzos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio 4 y 5, disminuir en tres cuartas partes la mortalidad en menores de 5 años y madres en 2015 respecto a lo observado en 1990. Evidencia de este esfuerzo es que desde 2002 hasta 2010 el gasto público en salud se ha duplicado hasta alcanzar un gasto en salud per cápita de $ 42.2 ($ 23.5 en 2002) que está en línea con el promedio de América Latina ($ 40 en 2005) (1). Esto ha permitido que la mortalidad infantil (entre 0 y 1 año de edad), la niñez (entre 1 y 5 años de edad) y materna disminuyan, aunque a un ritmo menor al observado entre 1990 y 2001.

A Paso largo



Según la Encuesta de Demografía y Salud (ENDESA) 2006-2007 realizada por INIDE, en 2007 la tasa de mortalidad infantil se había reducido a la mitad desde 1992, ubicándose en 29 muertes por cada mil nacidos vivos. En porcentaje similar se redujo la mortalidad en la niñez, ubicándose en 35 muertes por cada mil nacidos vivos en ese año. Acorde a datos de la CEPAL la mortalidad infantil y de la niñez en Nicaragua es mucho menor, registrando 21.8 y 25.6 muertes por cada mil nacidos vivos respectivamente (2) en 2009. Mientras que la mortalidad materna asciende a 100 muertes por cada cien mil nacidos vivos en 2009, un 42% inferior a la observada en 1990.

Pese a estas significativas disminuciones los indicadores nacionales siguen siendo elevados. La tasa de mortalidad infantil y de la niñez es la tercera más elevada de Centroamérica y se ubica 2.5 y 2.3 muertes por cada mil nacidos vivos por encima del promedio regional (19.3 y 23.3 muertos por cada mil nacidos vivos respectivamente). De igual modo, la tasa de mortalidad materna se ubica 8.7 muertes por cada cien mil nacidos vivos por encima del promedio centroamericano (91 muertes por cada cien mil nacidos vivos), siendo la segunda más alta del istmo.

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Esta situación se agrava para grupos vulnerables como los hijos de madres adolescentes, los últimos hijos tenidos por sus madres, los nacidos con un espacio corto de tiempo (menor de 3 años) respecto al parto anterior y principalmente para los hijos de mujeres que no accedieron a servicios de salud reproductiva adecuados. Estos grupos presentan una incidencia de la mortalidad infantil 120.7% superior al promedio nacional cuando son hijos de madres que no recibieron control pre natal; 89.7% superior si sus madres recibieron este control pero menos de 4 veces y 24.1% superior para los hijos de mujeres que no tuvieron un parto institucional.

Cabe señalar que las mujeres en estas condiciones han disminuido desde 1990, registrándose en 2007 un 91% de mujeres embarazadas que recibió control pre natal al menos una vez, 77.8% al menos 4 veces y 75.7% de los partos de nacidos vivos (según datos del SILAIS) fueron institucionales (3). No obstante, el porcentaje de mujeres que recibió más de 4 controles pre natales y partos institucionales se ubican por debajo del promedio centroamericano (2.2 y 6.2 puntos porcentuales respectivamente); a diferencia del porcentaje de mujeres con al menos un control pre natal que es superior al promedio regional.

¿Vamos caminando hacia la meta?



Estas mejoras han significado el logro del 67% y 69% de la meta de reducción de la tasa de mortalidad infantil y de la niñez respectivamente, en un 68% (17 años) del tiempo estipulado para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (25 años) hasta 2007, según los datos de ENDESA 2006-2007. No obstante, la tasa de mortalidad infantil debería disminuir en 5.9% como promedio anual y la de la niñez en 4.49% para alcanzar el cuarto ODM en 2015, pero su variación promedio anual entre 2001 y 2007 es solo de 0.7% y 1.1% respectivamente; por lo que se requeriría un enorme esfuerzo de gasto público y su efectividad.

El panorama cambia considerablemente tomando en cuenta los datos de la CEPAL que indican que en un 76% del tiempo (hasta 2009) se había logrado el cumplimiento del 77% y el 83% de la meta de reducción de la mortalidad infantil y de la niñez respectivamente para el año 2009. Ubicando a Nicaragua como el tercer país de América Latina que ha alcanzado mayor progreso en la reducción de la mortalidad infantil después de Perú y Cuba, y parte de los 11 países de Latinoamérica y 3 del Caribe que cumplirán con el ODM 4 en 2015, según el Informe de Progreso en el Cumplimiento de los ODM en América Latina y el Caribe en 2010.

Según los datos publicados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), existen altas probabilidades reducir en un 75% la mortalidad materna respecto a lo observado en 1990, ya que en 2007 registró una tasa de mortalidad materna de 76.5 muertes por cada cien mil nacidos vivos; requiriendo una disminución promedio anual del 4.7% hasta 2015, lo cual es altamente probable pues la reducción promedio anual entre 2001 y 2007 fue de 4.3%. No obstante, si se parte de los datos de la CEPAL basados en estadísticas de UNICEF, la tasa de mortalidad materna asciende a 100 muertes por cada cien mil nacidos vivos en 2009; debiendo disminuir 8.7% promedio anual para alcanzar el ODM 5 en 2015, lo cual es el doble de la tendencia registrada actualmente.

Más allá de la meta



Mejorar las condiciones actuales de salud materno infantil no es solo una necesidad ética, sino también económica. Esto se debe a que la existencia de deficientes condiciones de salud en los niños y las mujeres generan costos al sistema de salud, y significan pérdidas en la productividad a causa de la mortalidad, y los menores niveles académicos y desempeño que desencadenan las condiciones de salud deficientes. Al respecto el estudio El Costo del Hambre elaborado por la CEPAL, indica que a Nicaragua le costaba un 0.14% del PIB de 2004 el cubrir los gastos por enfermedades, repitencia escolar y pérdida de productividad asociada al nivel de desnutrición de los niños menores de 5 años en 2004 (9.6% de los menores de 5 años y 6% de ellos en 2007).

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Cabe señalar, que Nicaragua se ubica en cuarto lugar en cuanto a la magnitud del costo asociado a la desnutrición; sin embargo, este monto indica la importancia del estado de salud fundamentalmente en la productividad, cuyo costo representa el 52% del costo total. Por otro lado, entre 2004 y 2008 solo el 8.9% de los casos de mortalidad en la niñez estaban relacionado con la desnutrición global y 7.4% con los casos de enfermedades comunes en los menores de 5 años, de modo que el costo total del estado de salud y la mortalidad infantil debe ser todavía mayor a los 78.18 millones de dólares que se generan solo por problemas de desnutrición en 2004.

Por otro lado, las condiciones de salud materna e infantil están estrechamente ligadas con la condición socio económica de las personas, ya que la incidencia de la mortalidad en los menores de 5 años es mayor para los hijos de mujeres que residen en las áreas rurales, tienen un bajo nivel académico y un menor nivel de ingreso. Esto debido a que ellas presentan menores niveles de atención pre natal y de parto institucional, lo cual está directamente vinculado con la salud del niño. Así, las condiciones de salud materna e infantil se constituyen en un elemento perpetuador de la pobreza, ya que las personas pobres son las más afectadas por condiciones de salud deficitarias, lo que les impone una limitante a su desarrollo físico, académico y profesional que les inhibe a la vez de obtener un mayor nivel de ingreso y mejor nivel de vida.

Si el país aspira a lograr los objetivos propuestos para mejorar las condiciones de vida de todos los nicaragüenses y proveer un estado de salud que permita el desarrollo integral de cada uno de ellos, con el fin de que se inserten efectivamente en la dinámica económica y se incentive el crecimiento y el desarrollo económico sostenido, debe priorizarse y reorientarse el gasto en salud de forma focalizada a los grupos de población más vulnerables. Esto debe ser acompañado de la inversión en infraestructura y el fomento de la educación sexual y reproductiva lo cual implica mayores gastos que deben ser financiados. A la vez deben articularse las acciones estatales con el sector privado para suscitar buenas prácticas de salud preventiva, que incidan en los indicadores finales de salud materno-infantil.


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Notas:
(1) Los países de América Latina en promedio gastaban $ 40 per cápita en salud y este gasto representaba menos de un 2% del PIB en 2005, según la CEPAL.
(2) Los datos de mortalidad infantil y de la niñez de la CEPAL son diferentes porque provienen de las estadísticas del Grupo Interagencial de Estimación de Mortalidad en Niños de Naciones Unidas (IGME) y no de las estadísticas nacionales de cada país. Según estos datos las tasas de mortalidad infantil y de la niñez eran de era de 25.3 y 30.1 muertes por cada mil nacidos vivos respectivamente en 2007.
(3) El parto institucional se entiende como el que acontece en un espacio adecuado en el que son atendidos por personal calificado y en centros de salud con la capacidad para llevar a cabo el trabajo de parto sin riesgos


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