5 de agosto de 2011 - Managua, Nicaragua


FotoGilda Charlotte Sánchez Padilla


•Resumen de las presentaciones realizadas en el Diálogo Estratégico: “Análisis de la situación del sistema bancario en Centroamérica” (incluye República Dominicana y Panamá) promovido por el Banco Centroamericano de Integración Económica.
•Un diagnóstico positivo de la situación del sistema financiero regional al 2011.


Las economías centroamericanas fueron afectadas por la reciente crisis financiera mundial de diferentes formas: a través de la disminución de flujos de remesas que afectó el ingreso disponible de las familias y por ende sus niveles de consumo y capacidad de pago; así mismo impactó en el saldo de la balanza de capital y en el tipo de cambio real; de igual modo incidió en la disminución de las exportaciones como resultado de contracciones en la demanda internacional.

Además se observó aumento del desempleo aunque en menor medida que en los países directamente afectados. Aunado a esto, el mercado financiero se contrajo, los créditos se paralizaron y las tasas de interés subieron, provocando contracción en esta actividad. Sin embargo, -como se explica en los párrafos siguientes- ya se comienzan a observar mejoras en el sistema bancario regional que indican la recuperación de la economía en su conjunto. Los datos utilizados para este análisis se retoman de las ponencias del Diálogo Estratégico: “Análisis de la situación del sistema bancario en Centroamérica” realizado en el BCIE en Managua el día 20 de Julio de 2011.

Dinamizando el sistema después de la crisis



Actualmente el sistema bancario del istmo centroamericano muestra signos de recuperación. En Mayo de 2011 estaba constituido por U$ 135 mil millones de dólares en activos, de los cuales U$ 75 mil millones de dólares se transan en Panamá, el mayor mercado financiero de la región. Cabe señalar, que un 90.2% del capital del financiero corresponde a bancos regionales (el resto corresponde a instituciones de capital solamente nacional), y del total de bancos en la región el 35% son de capital extranjero (no centroamericano) cuya importancia relativa en término de activos ha disminuido respecto a los bancos con capital nacional.

La recuperación interna del sistema se explica por varios factores, uno de ellos es el aumento en el otorgamiento de créditos, un incremento del 5% en los bancos regionales entre Mayo 2010 y 2011 y de las inversiones en activos. El aumento de los créditos se sustenta en la cobertura de financiamiento demandado por los hogares (créditos de consumo e hipotecas) más que en recursos dirigidos a las empresas; ya que la proporción de créditos otorgados a las familias entre el total de activos es mayor a esta razón para créditos a empresas y que el crédito de consumo representa más de un cuarto de la cartera de los sistemas financieros de la región.

En Nicaragua la actividad financiera registró una disminución promedio anual de 5.2% menor a la observada en Mayo de 2010 (8.7%). Lo cual es consistente con los crecimientos interanuales que desde Octubre de 2010 viene experimentado la cartera bruta de crédito tanto en córdobas como en dólares, reflejando a Junio una tasa interanual de 7.8% y 2.6%, respectivamente. En el presente año se reporta un incremento acumulado de 1% de los créditos otorgados hasta Mayo (-12.7% en el mismo período de 2010), según datos del Banco Central.

Cabe señalar que el porcentaje de la cartera crediticia destinada al consumo de las familias en Costa Rica, Guatemala y El Salvador ha aumentado respecto a Mayo de 2010, contrario a lo que ocurre en Nicaragua; donde los créditos de consumo representan el 24.2% de la cartera total (porcentaje menor al del resto de Centroamérica). Destaca que este segmento de clientes acumula mayor morosidad e implica un riesgo de sostenibilidad por el posible sobre endeudamiento de los hogares.

No obstante, el dinamismo del crédito global es mucho menor al aumento de las inversiones; ya que los requerimientos de financiamiento han sido escasos, debido a políticas internas más cautelosas y a la estreches de la demanda de las familias y empresas. Los mayores aumentos de las inversiones se dieron en Nicaragua y El Salvador; lo cual obedece a la composición del activo productivo y el aumento de la inversión en bonos y títulos.

Se observa un fenómeno que ha influido también en la recuperación del sistema y su estabilización, pero que a la vez puede minar su sostenibilidad en el largo plazo: el margen entre tasas de interés activas y pasivas. En varios países las tasas activas permanecen altas, destacándose Nicaragua, Costa Rica, Honduras y Panamá; cuyas tasas activas son muy dinámicas en términos nominales más que reales. Paralelamente las tasas de depósitos pasivas han disminuido -reportando tasas reales negativas- lo cual desincentiva el ahorro aunque reporta mayores utilidades para los bancos.

Esa rentabilidad también es efecto de la mayor actividad bancaria y la disminución de la necesidad de provisiones por el saneamiento de cartera que las instituciones financieras han efectuado, pero no tanto de su operación eficiente. Los países que presentan las tasas más altas de rentabilidad bancaria son Guatemala, Nicaragua y República Dominicana. Se destaca que aunque Nicaragua presenta una de las mayores rentabilidades, junto con Honduras presentan los índices de eficiencia más bajos de los 7 países en estudio; mientras que las mejores prácticas corresponden a Panamá y El Salvador (donde se ha dado una reducción significativa en la carga administrativa) pero no reportan grandes rentabilidades.

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La recuperación debe sostenerse



Los indicadores son positivos al expresar que los bancos están siendo más prudentes en el manejo de la cartera y en la provisión para imprevistos. En todos los sistemas financieros la relación entre patrimonio y activos son sostenibles y oscilan entre el 10% y 13%. También los indicadores de solvencia están en niveles normales y aceptables. La relación entre los activos ponderados por riesgo y los activos totales han tendido a la baja; la disminución más significativa se observa en Nicaragua que pasó de un 60% a 51%, lo cual está relacionado con la baja importancia de los activos productivos en las carteras de crédito de los bancos, lo que reduce el riesgo de sus activos.

Por otro lado, el porcentaje de créditos en moneda extranjera es mucho mayor que el emitido en moneda nacional. Este fenómeno se da particularmente en Costa Rica y Nicaragua, donde el porcentaje de créditos en moneda extranjera pasó de 86.8% en mayo de 2010 a 90.8% en mayo de 2011, lo que obedece a la dolarización informal de la economía que la ubica en posición vulnerable ante cualquier shock externo que afecte al dólar. Una de las principales problemáticas puede desencadenarse con el retraso en el pago de la deuda de Estados Unidos y/o el aumento de la misma como efecto del sostenido incremento de su déficit fiscal.

La calidad del sistema en recuperación



Costa Rica y Panamá son los únicos países (de los 7 estudiados) que aumentaron su calificación entre 2010 y 2011, los demás la han mantenido o desmejorado. Esto en parte de debe a que Panamá ha sido menos afectada por la crisis debido a los subsidios otorgados por el estado al crédito para vivienda y al sector construcción y por la zona libre de Colón que dinamiza las actividades comerciales y financieras.

Sin embargo, la calidad de la cartera de crédito ha mejorado en toda la región. Al respecto Nicaragua se ubica a la par de la mayoría de los países estudiados, registrando un 3% de morosidad que contrasta con el 1.5% que anota el sistema financiero de Panamá. Mientras que El Salvador y Honduras tienen los mayores niveles de mora con clientes que registran atrasos por más de 90 días. Las disminuciones de la morosidad en la cartera responden a la recuperación de las remesas, el aumento de las exportaciones y la limpieza de cartera que han llevado a cabo los bancos; este último factor ha sido el más determinante en Nicaragua y República Dominicana.

Es positivo el hecho de que en todos los países la relación: provisiones sobre cartera vencida ha aumentado, aunque en Costa Rica las provisiones no cubren el 100% de la cartera vencida (el mínimo saludable de este indicador es 100%). Cabe señalar que los bancos regionales presentan mayor deterioro en la cartera de crédito en lo que a la morosidad y cobertura se refiere que los bancos nacionales; pues su relación entre provisiones y el total de cartera vencida es inferior al 100%. A excepción de Costa Rica todos los países mejoraron el nivel de cobertura de sus reservas. En Honduras y Guatemala se han dado los cambios requeridos para que esta cobertura llegue al menos al 100%.

Seguir el camino de la recuperación



Según el Consejo Monetario Centroamericano y la Calificadora de riesgo Equilibrium (afiliada a Moody´s Investors Service Inc) ponentes del Diálogo Estratégico promovido por el BCIE, se espera que la banca siga creciendo de manera estable en consonancia con la recuperación económica. Sin embargo, la recuperación mundial aun es débil y crea cierta incertidumbre en los mercados financieros, especialmente en los bancos de capital extranjero. Por otro lado, la dolarización de las economías incide en el buen desenvolvimiento del sector, ya que lo hace vulnerable a crisis externas sobre las cuales no puede incidir directamente. Al respecto es de suma importancia el seguimiento de la deuda en Estados Unidos y el planteamiento de estrategias de amortiguamiento de impactos negativos que podría generar al sistema como: la disminución del valor de los activos y del valor de la moneda nacional.

A la vez se deben incentivar medidas anti-cíclicas, es decir que las respuestas del sistema financiero no depriman más la actividad económica en momentos de crisis, algunas medidas ya se están tomando al aumentar la cobertura de reservas y de activos. El estado debe incentivar el ahorro mediante la mejora de las tasa de interés pasivas como medida de fomento a la inversión y generación de capital. A la vez, se debe priorizar la entrega de crédito a las empresas y productores para que se siga dinamizando la economía real y la recuperación sea estable, paralelamente que se asumen los medidas necesaria para evitar el sobre endeudamiento de los hogares que desencadene problemas de morosidad o no pago.


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