4 de julio de 2011 - Managua, Nicaragua


FotoGilda Sánchez, Tania Díaz

Cuando uno sale a la calle encuentra a mujeres vendiendo en las paradas de buses; mujeres atendiendo salones de belleza o vendiendo ropa en sus casas o a domicilio; mujeres atendiendo comedores que brindan servicio de alimentación a los vecinos. Si bien la mayoría desarrolla este tipo de negocios, muchas también emprenden actividades más formales; en Nicaragua hay varios ejemplos de mujeres consultoras e investigadoras, gestoras de proyectos en ONG o empresarias de alto nivel.

Sin embargo, esta forma de insertarse al mercado laboral primordialmente informal, responde a la necesidad de percibir un ingreso que permita la manutención de la familia, ya que son las jefas de un tercio de los hogares nicaragüenses. Esto explica que 8 de cada 10 mujeres se empleen en la microempresa, como asalariadas, cuentapropistas o trabajadoras no remuneradas, según datos de FIDEG 1998-2006.

Es paradójico que a pesar de su gran aporte a la economía, pues representan la mitad de la PEA, el índice de oportunidades económicas de las mujeres en Nicaragua -que incorpora el tipo de empleos en el que se ocupan y las condiciones bajo cuales lo hacen, el ingreso que perciben y el acceso a recursos- es solo de 8.3 puntos (en un rango de 0 a 100) según la Economist Intelligence Uniten 2010, mientras que el promedio en Latinoamérica es de 27.4 puntos.

Esta situación claramente incide en el desarrollo del país, ya que según el informe de Desarrollo Humano de América Latina y el Caribe de 2010, en 2007 el 1.9% de las pérdidas reales en desarrollo humano en Nicaragua eran atribuibles a las desigualdades de género, este porcentaje es superior al del resto de países centroamericanos.

Nicaragua como microempresaria



Según el estudio Equidad de Género en el Mercado laboral en Nicaragua realizado por el Banco Mundial en 2008, el 44.1% de de las empresas de mujeres son microempresas, pues solo emplean a una o dos personas (38% de las que son propiedad de hombres) quienes generalmente son miembros de la familia o ellas mismas, solo el 6% contrata mano de obra externa. Esto debido a que según datos de FIDEG 1998-2006 el 44% de las mujeres empleadas en este sector son cuentapropistas y 32% son trabajadoras no remuneradas. Esto coincide con que el 56% de las empresas de las mujeres operen en el hogar.

El estudio del Banco Mundial revela que las microempresas de mujeres en Latinoamérica son menos productivas que las de los hombres, contrario a lo que sucede con las empresas medianas y grandes. Esta diferencia está relacionada con los niveles de capital humano y cantidad de empleados, el acceso al crédito, valor de la propiedad y de la maquinaria, el tiempo dedicado al trabajo en la empresa y el acceso a capacitación técnica.

En Nicaragua este sector incrementó los ingresos de hombres y mujeres en 17% entre 1998 y 2007, pero según datos de FIDEG el 38% de las mujeres empleadas en microempresas en 2006 no era capaz de satisfacer todas sus necesidades básicas. Esto implica que estas actividades son primordialmente informales y no generan un empleo de calidad, sino un medio de subsistencia. Esto coincide con que la microempresa y el autoempleo son clasificadas por INPYME según su nivel de productividad y acumulación de capital, como actividades de supervivencia.

Al igual que en la región latinoamericana, esto se debe a que las mujeres no cuentan con muchos recursos para desarrollar emprendimientos de actividades económicas formales y competitivas. Una de sus principales carencias es el capital humano, ya que la mayoría de ellas tiene un bajo nivel académico -43.6% solo alcanzó primaria y 29.5% secundaria- y un acceso limitado a la asistencia técnica. Otra insuficiencia es el financiamiento; según datos de FIDEG en 2006 ellas recibían créditos por un monto promedio 35% inferior al recibido por los hombres. Como efecto de que la tierra -principal garantía frente a un crédito- está altamente concentrada (80%) en manos de los hombres, según datos del Banco Mundial.

Estas mismas investigaciones revelan que las mujeres empresarias tienden a sentirse menos preparadas para maniobrar procedimientos de registro de negocios y muestran mayor aversión al riesgo a la hora de solicitar un crédito, a la vez que sienten menor satisfacción y familiaridad en el uso de los instrumentos financieros. Sin embargo, aunque la mujer no sea la titular de los compromisos formales adquiridos, muchas veces ella actúa como deudora de créditos informales:

“Trabajaba con mi esposo y era como una sociedad, siempre era él quien hacía los préstamos (a las instituciones financieras), no yo. Nosotros tuvimos experiencia primero para poner nuestro laboratorio. Yo recurrí a mi hermano y le hice un préstamo y él me prestó como 20 mil córdobas y yo puse como prenda una propiedad y con eso nosotros iniciamos. Existía una financiera que se llamaba PRESTANIC (actual Fondo Nicaragüense para el Desarrollo Comunitario) a la cual recurríamos. No figuraba mi nombre en estos préstamos (formales), pero era mi esposo y servía para nuestro trabajo” (Piedad Blandón Rodríguez).

Recuadro 1: Un comienzo difícil con un final feliz



“Yo trabajé desde los 14 años. En aquellos tiempos cuando una persona aprobaba la primaria calificaba para trabajar de maestra empírica en los valles, trabajé tres años y después me casé, a los 17 años. Después de casada comencé de nuevo a estudiar secretariado. Ya casada, tenía que buscar quien cuidara a mis hijos.

Después trabajé como secretaría en un hospital 15 años. Yo empecé a trabajar porque como mujer nunca me gustó depender solamente del esposo. Después trabajé también como secretaria pero ya en mi propia casa en un laboratorio clínico, hasta que me retiré.

Todo esto uno lo logra con esfuerzo, es una lucha diaria (…) Irse a trabajar y dejar niños pequeños no es fácil, todo requiere de esfuerzo y también depende del esposo que sea consciente y lo apoye a uno, que le de ánimo para seguir adelante” (Piedad Blandón Rodríguez).


Nicaragua es ciudadana



En la esfera pública la participación de la mujer ha aumentado aunque su presencia es aún incipiente. Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo y el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral, en América Latina el porcentaje de mujeres elegidas al parlamento pasó de 5% en 1990 a 20% en 2010. Situación similar se observa en su participación en puestos ministeriales (23%), escaños en los Congresos o miembros de comités o comisiones especiales en estos (20% y 20.5% respectivamente) y como candidatas de partidos políticos y coaliciones (24%). Por otro lado, solo una mujer por cada nueve hombres tiene un puesto de alto nivel gerencial en empresas privadas.

Las mujeres nicaragüenses presentan niveles de participación política similares a los de la región. Pues el 29% de los puestos ministeriales son ocupados por mujeres, mientras que representan el 20.7% de los miembros de la Asamblea Nacional y el 20% de los miembros de los máximos órganos ejecutivos de los partidos políticos. De esta forma se vislumbra una oportunidad para la emancipación de la mujer y su liderazgo:“Pertenezco a una organización política de la cual soy secretaria política, de un sector de 300 casas” (Reyna Rivas Osejo)

Sin embargo, las investigaciones de FIDEG revelan que en 2006 el nivel de organización de la mujer en Nicaragua era muy bajo (8.4%) aunque superior al de los hombres (7.2%). De quienes estaban organizadas, la mayor parte pertenecía a organizaciones religiosas (58.6%) seguidas de quienes participaban en organizaciones comunales o proyectos (10.1%) y organizaciones gremiales de productores o cooperativa (9.4%), mientras casi la mitad de las mujeres reportaron no estar organizadas porque no les gusta.

Las mujeres muestran una ventaja en cuanto a la capacitación en actividades generalmente asignadas a ellas como: artesanías, comercio, servicios, género, medicina natural y otros cursos. Cabe señalar, que la mayor proporción de mujeres (49.4%) fue capacitada por instituciones del estado. Sin embargo, un 18.9% de las mujeres no asistió a las capacitaciones por falta de interés en el tema impartido, lo que indica que estos no responden efectivamente a sus necesidades o problemáticas.

Recuadro 2: Las mujeres se organizan para ayudar a su comunidad



De las 5 mujeres entrevistadas 4 estaban organizadas con el objetivo de generar beneficios a otras personas de su comunidad y no tanto para ser beneficiadas ellas mismas:

“Me motivó (a ser parte de una organización política) mi espíritu de ayudar a mi prójimo, para contribuir un poco a mejorar la calidad de vida y mejorar el nivel académico” (Reyna Rivas Osejo)

“Estoy trabajando de voluntaria en Colectivo de Mujeres Xochilt que es para ayudar a las mujeres maltratadas y a los niños” (Evelia del Socorro Urbina)

“Pertenecimos con mi esposo a los Rotarios (…) Le ayudábamos a los pipitos, en nuestro laboratorio se le hacían los exámenes a parte de ellos” (Piedad Blandón Rodríguez).

“Tengo parte en la iglesia, ayudo a dar clase a los niños pequeños” (Maura Marina Solís Cardoza)

Nicaragua también es mujer



Estudios de los programas de transferencias condicionadas indican que la mujer es un agente clave en la superación de la pobreza, pues dedica un mayor porcentaje de sus ingresos a la educación, la salud y la nutrición para el hogar. Por lo cual, es necesario promover en las mujeres el acceso a la educación y la salud generándoles capacidades que les permitan insertarse en la dinámica económica y social, a la vez que se crean las oportunidades de poner en practica estas capacidades.

Esto puede lograrse mediante la aplicación de políticas innovadoras de empleo que ayuden a equilibrar el trabajo productivo y reproductivo, a través de la flexibilización del mercado laboral formal que en la actualidad es viable por el uso de las tecnologías de la información. También deben fortalecerse los mecanismos de acceso al crédito que permitan la capitalización de la mujer empresaria, pues esta es una de las mayores limitantes para el crecimiento de los negocios y su desarrollo competitivo. Además debe promoverse la asociatividad como facilitadora del acceso a recursos y mercados. Por otro lado, los programas de capacitación deben reorientarse a las necesidades de las empresarias.

Mientras, la mujer se alza con el espíritu inquebrantable con el cual lucha, con el esfuerzo y la esperanza que en todas vibra: “Yo espero salir de mi carrera, formar mi hogar, ayudar a mi familia y esperar que todas las cosas me salgan bien. Todo es posible. Si uno no lucha no alcanza nada, pero siempre con Dios uno sigue adelante y espero lograr lo que quiero” (Maura Marina Solís Cardoza).
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Bibliografía y Literatura Recomendada



•INIDE. (2007). Estimaciones y proyecciones de población nacional, departamental y municipal (revisión 2007). Managua.
•BID. (2010). ¿Por qué la igualdad de género?
•BID. (2010). Género y Partidos políticos: sin igualdad, lejos de la paridad.
•BID y BM. (2010). Mujeres Empresarias: Barreras y Oportunidades en el Sector Privado Formal en América Latina y el Caribe.
•BID, BM. (2008). Diagnóstico de Género en la Economía Rural de Nicaragua.
•FIDEG. (2010). Encuesta de Hogares para la medición de la pobreza en Nicaragua. El Observador Económico.
•FIDEG. (2007). Mujeres nicaragüenses, cimiento económico familiar. Estadísticas e Investigaciones de FIDEG, 1998-2006. Managua.
•INIDE. (2009). Encuesta continua de Hogares. Managua.
•Monroy, E. (2008). Equidad de Género en el Mercado Laboral Nicaragua. BID, BM.

Estudios de Caso



•Rosa Argentina Huriel Ruiz es una joven de 24 años con una relación de hecho estable con su pareja y madre de cuatro niñas. Vive en Managua y realiza trabajo doméstico para generar ingresos a su familia ya que no finalizó la educación secundaria.
•Reyna Rivas Osejo tiene 57 años es madre soltera y jefa de hogar, terminó su educación universitaria y actualmente se desempeña como Jefa de informática en INAA en Managua.
•Piedad Blandón Rodríguez tiene 65 años y trabajó como secretaria 15 años y actualmente está jubilada por invalidez. Aunque es originaria de Matagalpa vive en la comarca de Cedro Galán (Managua) con su hija y su yerno.
•Evelia de Socorro Urbina es una mujer de 45 años casada y jefa de hogar que reside en Cedro Galán (Managua), es madre de tres hijos y aunque no terminó la educación secundaria trabaja voluntariamente como promotora social y brigadista de salud en su comunidad.
•Maura Marina Solís Cardoza es una joven soltera de 19 años, tercera de cuatro hermanos en su familia; es estudiante universitaria, a la vez que es afanadora y ayudante de cocina del colegio COVANIC (Cedro Galán, Managua).


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